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sábado, 4 de mayo de 2013

El neoliberalismo en cuestión



El neoliberalismo en cuestión. En diálogo con David Harvey por Matías Romani[1]



“¿Por qué deberíamos ser anticapitalistas? Por muchas razones: por nuestras creencias, por nuestros valores, por nuestros compromisos personales.” Así comenzaba la última intervención de David Harvey en la Argentina. Uno de los principales referentes mundiales del pensamiento crítico en las Ciencias Sociales. Como geógrafo y profesor distinguido de la City University of New York (CUNY) ha contribuido con una profunda renovación intelectual en la comprensión del capitalismo. Desde el análisis materialista de las transformaciones urbanas y las representaciones culturales en “La condición de postmodernidad” hasta las reflexiones videográficas sobre la crisis financiera global o los cursos de El capital difundidos por YouTube, destaca el mismo compromiso intelectual esquivo e intransigente frente a los lugares comunes.
   La siguiente entrevista se realizó durante el V Congreso de Economía Política y Derechos Humanos organizado por el CEMOP y la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo, un día antes del inicio del movimiento de ocupación de Wall Street (OWS). Gran parte de la obra de David Harvey ha sido traducida al castellano, aunque con una circulación minoritaria entre las editoriales nacionales, de ahí la importancia de este encuentro como un aporte adicional para difundir su obra.
     En su último libro: “The enigma of capital and the crises of capitalism” usted analiza el itinerario de la expansión inmobiliaria en los Estados Unidos y muestra cómo la crisis global puede ser vista como el final de un proyecto de clase identificado como neoliberalismo. ¿Qué diferencias encuentra con otras crisis capitalistas como la de 1930 o 1973?

Creo que hay diferencias superficiales y diferencias profundas. La crisis del ’30 ocurrió antes de que los Estados Unidos tomaran posición como líder hegemónico global del sistema capitalista y salieron de la crisis después de la Segunda Guerra mundial como el gobernador capitalista en la parte del mundo no controlada por la Unión Soviética. La crisis actual está marcando el agotamiento de un claro dominio estadounidense y hasta cierto punto es una consecuencia del fin de la Guerra Fría, lo cual representa una gran victoria. Pero también, la desaparición de la Unión Soviética creó una situación en la cual el resto del mundo ya no necesita de los Estados Unidos, cada uno puede ir por su lado sin ninguna amenaza. Este gran cambio en la situación geopolítica fue reconocido a mitad de los años ’90 donde mucha gente con gran influencia piensa que los EEUU ya no le dictan al mundo esencialmente, lo que debe o no debe suceder.
    La primera diferencia es que esta crisis está caracterizada por un mundo capitalista mucho más fragmentado, los diferentes países están yendo en distintas direcciones y Estados Unidos está haciendo lo mismo. América Latina está tratando de consolidarse de manera separada, para protegerse. Por lo tanto, da lugar a una nueva dimensión geopolítica. La segunda diferencia es que esta crisis es financiera, superficialmente financiera, pero involucra al Estado de una manera muy diferente que en el caso anterior. En la década del ’30 hubo un momento en que los Estados comenzaron a convertirse a una dinámica capitalista explícita, en cambio ahora los Estados son creciente o simplemente, un vehículo para la reproducción de la clase capitalista. Esto era imposible en la década del ’30 donde existía un fuerte movimiento populista y la relación de fuerzas era muy distinta debido a que existía un movimiento en ascenso de la clase trabajadora. Una situación diferente a lo sucede ahora donde la clase obrera se encuentra colapsada.    

Eso demuestra de alguna manera el “éxito” de la restauración del poder de clase. Su libro “Una breve historia del Neoliberalismo” (2005) fue publicado algunos años antes que “La doctrina del shock” (2007) de Naomi Klein. Mientras ella señala la importancia que tiene la percepción de una crisis real o imaginaria, como guerras, catástrofes naturales y dictaduras, para la implementación del proyecto neoliberal usted considera la importancia de la construcción del consentimiento. ¿Cuáles son los recursos ideológicos que permitieron la implementación del neoliberalismo en este sentido?


En la “hegemonía” como señala Gramsci hay una mezcla de coerción y consenso. Se puede enfatizar la coerción y es innegable que fue muy importante en la forma en que el neoliberalismo se ha implementado en gran parte del mundo a través de las políticas de los Estados Unidos. Sin embargo, esto nunca pudo haber sucedido sin el consenso de las elites locales. Lo que sucedió en Chile es un muy buen ejemplo de la importancia de la situación local en el golpe a Allende. Estados Unidos no pudo haber derrocado a Allende, todavía en Chile creen que ellos lo hicieron. Fue un error echarle la culpa de esto, aún cuando hubo un gran apoyo de los Estados Unidos. Así que cualquier cosa que veas en el avance neoliberal es porque los sectores dominantes locales ven una ventaja en el neoliberalismo y si hay fuerzas extranjeras involucradas disponen de un mayor poder para crear diferentes planes y modelos. De modo típico, la gente la echa la culpa al FMI y no le echan la culpa a sus propias elites. Creo que aquí en Argentina la tendencia es decir: “toda la culpa es del FMI”, pero nadie dice que las elites locales tienen su propio proyecto y que prefieren que parezca que el FMI es el responsable de todo.

De ahí se desprende la posibilidad de implementar el neoliberalismo en democracia. Usted sostiene que no es la primera vez que la clase trabajadora vota por un candidato o un partido contra sus propios intereses. ¿Cuál es el rol del consumo o del crédito al consumo en este proceso?

Una de mis citas favoritas viene de los años ’30, cuando se implementaron todas estas reformas dentro del mercado inmobiliario para que fuera posible para la clase trabajadora convertirse en propietarios. Uno de los comentarios era: “los deudores no hacen huelga”. Cuando los propietarios tienen una deuda muy pesada no van al paro. En Inglaterra había unos bancos especiales llamados sociedades constructoras, los cuales otorgaban pequeños terrenos a los trabajadores para que se convirtieran en propietarios. En la década del ’20 un amigo mío tenía un poster que decía “Las sociedades constructores son la mejor defensa contra el bolchevismo”. Eso es lo que explica el interés de Bush y Clinton en la expansión del mercado inmobiliario.

La crisis en el capitalismo puede manifestarse de diferentes maneras como constreñimientos medioambientales, barreras de mercado, estrangulamiento en los beneficios o limitaciones espaciales. En “The enigma of capital” (2010) usted sostiene que la crisis global es la culminación de un modelo de crisis financiera que tiene su origen durante los años ’90 en el Sudeste asiático (1997), Rusia (1998) y Argentina (2001). ¿Cuáles son las principales características de este tipo de crisis?

Cada crisis generalmente afecta a grupos muy específicos de países. Una cosa que me interesa es cuántas de estas crisis estuvieron conectadas con la especulación en el mercado inmobiliario. Si uno observa la crisis que detuvo la expansión japonesa hubo un mercado parcialmente detenido y una crisis en el precio de los terrenos. Si se analiza la crisis escandinava en el año 1992 hubo toda clase de especulación con las propiedades. En los Estados Unidos durante finales de la década del ’80 hubo un problema con los ahorros y los precios de los terrenos que tuvieron que ser rescatados.
      Muchas veces estas crisis están conectadas con el capital excedente con el cual no se sabe que hacer y se dice: “Invertí en propiedades”. Además, los mercados inmobiliarios tienen esta característica peculiar de que cuanta más gente invierte, más suben los precios. Entonces se generan burbujas, pero no solamente por eso sino también por la especulación con los commodities a futuro, en la bolsa de valores y apostando como compañías como Enron. Siempre me resulta muy interesante observar estas crisis a partir de la década del ‘70 y hacer preguntas como cuántas de ellas estaban basadas en el mercado inmobiliario y cuántas de ellas estaban basadas en algo más.
  
La especificidad del capital financiero es que puede valorizarse sin la necesidad de pasar por el proceso productivo. En vez de una acumulación por producción de plusvalía, se trata de un tipo de acumulación por expropiación o desposesión. Es muy significativo el uso que hacen del término Elmar Altvater y Birgit Mahnkopf (2008) con la idea de “La globalización de la inseguridad”. ¿Puede el capital basarse sólo en la desposesión y en actividades ilegales como la venta de drogas, el tráfico de armas o es necesario un ambiente de acumulación mucho más estable?

No toda la acumulación por desposesión es ilegal. Si una compañía cae en bancarrota legalmente puede argumentar “Ya no tengo que pagar tu pensión, ya no tengo que pagar tu obra social” entonces los trabajadores que estuvieron trabajando por 40 años en una compañía de repente se hallan desposeídos de lo que deberían recibir porque la compañía así lo dijo y esto es legal. Existe esa expresión que dice: “Tomaremos tu tierra para propósitos públicos” inicialmente era considerada como un beneficio para toda la comunidad. Ahora lo que hace el Estado es tomar la tierra y decir que: “Es para propósito público, que exista un desarrollo privado en esas tierras”. Así que ahora es legal. Pueden tomar tu casa y tu tierra y compensarte.
     También hay una gran cantidad de acumulación por desposesión causada por actividades ilegales pero primariamente estoy interesado en sus formas legales. Entonces la gran pregunta es: cuánta de la acumulación en la década de los 70, 80 y 90 durante el neoliberalismo fue por desposesión y cuanta acumulación se produjo a través de la explotación del trabajo en el proceso productivo. Tengo la impresión que bajo el neoliberalismo ha habido mucha más acumulación por desposesión que antes y eso se puede vincular a procesos como la desindustrialización. Cuando cae el empleo en Estados Unidos muchos trabajadores formales no sólo pierden sus empleos, sino que también pierden sus derechos de pensión y su obra social. Se trata de una especie de robo legal masivo.


Quizás esto explique la imposibilidad de recuperar los niveles de crecimiento del período de posguerra (1945-1973). Una de las ideas más interesantes de su trabajo es que el capitalismo goza de buena salud cuando alcanza un crecimiento anual del 3 % a nivel mundial. Ahora bien, una de las características del fin de siglo XX es la aparición de un polo industrial en Asia con tasas de crecimiento espectaculares. ¿Cuáles son las implicancias de la emergencia de China como potencia mundial y qué modificaciones produce esta situación en la hegemonía americana?

Esto significa que el mundo está ahora dividido en bloques regionales de poder. Creo que ya no quedan dudas que Estados Unidos es militarmente dominante y tiene la capacidad militar para destruir casi cualquier otra fuerza armada del planeta, lo que no significa que tenga la capacidad para usar el poder militar para mantener el control. Es lo que se ve en Afganistán, es lo que se vio en Irak. Después de todas las operaciones militares se llegó a obtener el control en estos días. Una demostración que un enorme poder militar no proporciona la misma hegemonía que mucha gente en los Estados Unidos creía, porque no estaba respaldada con Bush por una autoridad moral. No hay dudas de que los Estados Unidos tenían una cierta autoridad moral en el mundo que se destruyó bajo Bush. Una de las esperanzas era que Obama restauraría esa sensación de autoridad moral como figura líder capitalista, por lo tanto Obama era una buena idea.
     Los Estados Unidos ya no son dominantes ni industrialmente ni incluso como mercado de consumo. China es un gran mercado y al mismo tiempo un gran productor. Por lo tanto, creo que Estados Unidos aún tiene o tenía, hasta muy recientemente, un poder financiero considerable. Así que tienen un poder militar y financiero. Y ahora lo que causó esta crisis puso en duda si tienen un poder financiero real y consistente. Lo que es interesante es que una de las siete economías que competía con los Estados Unidos era Europa y el euro está un lio más grande. Por eso sería más adecuado decir la persistencia de un polo financiero anglo-americano.

La transformación de China en un gran productor y en un gran consumidor a nivel global ha sido muy favorable para la Argentina debido al aumento en los precios de los productos primarios. ¿Qué posibilidades de desarrollo existen en un país de renta diferencial?


Primero pensemos un poco en el aumento del precio de los commodities. Siempre es difícil decir cuánto de esto se debe a un aumento en los costos de producción, aumento en la demanda y cuánto se estima por la especulación. Hay mercados de commodities que hacen esto y que ven en el petróleo un gran movimiento especulativo. En segundo lugar está el costo de producción lo cual existe por supuesto, el precio de la tierra y de la renta que genera esta situación dialéctica. Ahora bien, supongamos que los precios están aumentando y los productores no obtienen el dinero porque los terratenientes se lo llevan. Pero puede ser al revés, el control de las tierras puede ser tal que se pongan enormes impuestos sobre la producción por lo cual, como resultado los precios deben aumentar dependiendo enteramente de la demanda. Así que por esto, los mercados existentes son muy difíciles de analizar dado el elemento especulativo y el elemento de la renta de la tierra los cuales están involucrados en estos mercados más que, más que la producción de hidrocarburos o de algo más. 

La hegemonía del capital financiero durante la década del ‘90 y la cuestión de la distribución de la renta diferencial a comienzos del siglo XXI precipitaron en la última década la emergencia de una especie de “nuevo populismo” en varios países de Sudamérica con Lula, Chávez, Kirchner, etc. ¿Cuál es su opinión sobre estos procesos y cuáles son las diferencias, límites y posibilidades de tales políticas?

Lo que me parece interesante en América Latina es ver que tan diferentes son las políticas en Brasil, Bolivia y Ecuador. Me parece un error generalizar como si hubiera algún tipo de modelo político latinoamericano anti neoliberal. Cada país lo hace de alguna manera dependiendo de las circunstancias locales. Por ejemplo, Bolivia es un productor de hidrocarburos y este uno de los grandes temas que comenzaron a levantar los movimientos rebeldes. No pasó lo mismo en Venezuela donde se tenía algo muy distinto que venía en una dirección muy diferente. Las similitudes que existen supongo, es el fortalecimiento de la tradición indigenista que típicamente no había estado presente en las políticas de Latinoamérica desde hace mucho tiempo. En Brasil es también muy distinto. Bachelet en Chile también lo es, debido a la historia tan específica de ese país. En Argentina el peronismo es el terreno donde todas las cosas se resuelven… - parecen nunca salir de alguna versión del peronismo y la única pregunta es cuál versión del peronismo se realizará. Pero de nuevo, el asunto acá fue muy distinto porque ustedes estaban atados a la paridad con el dólar. La gente rica se enriquecía aún más si tenía su dinero en Miami. En una crisis bancaria hay decisiones políticas para sopesar y la Argentina estaba en default y logró una reducción importante de su deuda.
     Pienso que en las trayectorias políticas como escuchamos ayer[2], el sentido común es que América Latina, de alguna manera, puede ser o hacer algo colectivamente más que ir exclusivamente por su cuenta. No estoy seguro cuánto de esto va en realidad a suceder en tanto existen marcadas rivalidades. No veo a la Argentina siendo muy amigable con Brasil, aún cuando sólo se trata de fútbol. Creo que hay desarrollos aquí para tratar de facilitar el cambio. Desde mi perspectiva algunos de los movimientos sociales en Latinoamérica son sumamente interesantes. Traté de leer acerca de organizaciones como el MST en Brasil, un movimiento que es muy significativo políticamente y me resulta muy interesante. Lo que sucede con las rebeliones en Bolivia, en Cochabamba, en “El Alto” son también muy valiosas y capturaron mi imaginación y, por supuesto, lo que pasó aquí con las fábricas recuperadas, los piqueteros y las formas alternativas de recolección de residuos que ustedes llaman “cartoneros”. Así que insisto, algo diferente está sucediendo aquí.
      Una cosa que siempre tengo en mente es hablar en concreto sobre la crisis política, algo diferente que se produce por un tiempo, en un breve periodo antes que todo vuelva a ser reabsorbido por las prácticas dominantes. Lo que me impresiona de la Argentina es cuanto de lo que sucedió en el 2001-2002 está ahora siendo reabsorbido dentro de las prácticas dominantes. Supongo que esto se debió en parte a las habilidades de los Kirchner por lo menos formando una gran alianza con el movimiento piquetero para ponerlos de su lado, aún cuando se siguen proclamando independientes, y por supuesto el apoyo de “Las Madres”. También quisiera ocuparme un poco sobre Bolivia, donde el impulso revolucionario parece estar ahí antes de la llegada de Morales al poder, ahora está siendo reabsorbido dentro de las prácticas dominantes con el acuerdo con Brasil y Santa Cruz y también, en cierta medida con el capital internacional que necesita del suministro de gas para el comercio exterior. Es un gran problema, es un muy buen ejemplo de lo que le ocurrió a estos movimientos y  lo que ocurre hasta ahora.

En un libro clásico del siglo XX, el historiador Eric Hobsbawm señaló que la caída del muro de Berlín significó una crisis ideológica cuya principal víctima fue el socialismo, al menos bajo la forma en que se implementó en los países de la URSS. ¿Usted piensa que la crisis del 2007/2008 tendrá el mismo efecto para el capitalismo?

Creo que la caída del Muro de Berlín creó una crisis para el pensamiento del socialismo existente. Actualmente, se liberó al socialismo para una segunda oportunidad con algunas excepciones de los que podría ser y de lo que debería ser aproximadamente.  De alguna manera, yo sentí personalmente alivio por el fin del comunismo: “gracias a Dios” que no voy a tener que lidiar más con la cuestión de la Unión Soviética. Yo nunca fui miembro del Partido Comunista por lo menos puedo decir eso. Esa es quizás la diferencia.
     Lo que creo que es interesante en este momento es que la legitimidad del modelo liberal está en cuestión, seriamente cuestionada. Pero la práctica no va a desaparecer y de hecho lo que estamos viendo es una imposición cruel que no pretende más que decirnos: “tienes que hacer esto, tienes que hacer esto” y la única clase de pregunta que se puede hacer es si se puede tener una ventaja electoral dentro de un sistema democrático y ser autoritario de esa manera. Esa cuestión no se está resolviendo en este punto en particular. De hecho yo veo que nos estamos moviendo hacia un régimen de derecha más represivo y hay gente que puede mirar a los Estados Unidos y decir: “se podría producir un giro hacia un totalitarismo de derecha con mucha facilidad”.
     Creo que en el medio de este asunto, el socialismo se convierte en una cuestión urgente. Hay una buena cantidad de intelectuales persiguiendo estas ideas pero los movimientos sociales de los sectores bajos tienden a no querer tomar el poder. Se trata más bien de una perspectiva incoherente por parte de los movimientos sociales sobre la naturaleza del Estado y lo que deben hacer al respecto. He estado leyendo a Hardt y Negri y su más reciente trabajo sobre Commonwealth (2009), creo que es en la página 369 donde ellos quieren destruir el Estado y 8 páginas más tardes, dicen que los Estados deben proveer un ingreso básico para todos, atención primaria de salud y educación elemental.

La crisis de los movimientos antiglobalización se enmarca dentro del fracaso político de la fórmula “Cambiemos el mundo sin tomar el poder”, quizás esa ambigüedad política se encuentre en parte presente dentro del movimiento global de indignados ¿Qué perspectivas debe contener el socialismo en el siglo XXI?

     “El socialismo en el siglo XXI” es un título muy bueno, mejor debería escribir un libro sobre eso: “Ideas para un socialismo siglo XXI”. Pues bien, el marco que utilicé en The enigma (2010) comienza diciendo: ¿qué tipo de reformas institucionales tendríamos? Estamos seguros de incluir cuestiones sobre el poder estatal, tenemos que incluir cómo las estructuras jerárquicas podrían ser controladas de manera democrática. En este momento las estructuras de los bancos centrales no son controladas por nadie excepto por las personas que les gusta que todo permanezca así. Entonces tenemos la cuestión de las instituciones democráticas donde vemos las relaciones sociales o un tipo de relaciones sociales posibles. Obviamente estaríamos discutiendo sobre cómo crear relaciones sociales mucho más igualitarias lo que plantea problemas en una escala global acerca de la transferencia de recursos de una región rica a una región pobre. No hay manera de hacerlo sino reducimos el nivel de vida en las regiones ricas que tienen un elevado estándar de vida, que ellos mismos crearon y es obvio que se acostumbraron a ello como en Estados Unidos.  
     La gente se pregunta qué está sucediendo y están intentando encontrar un sentido. Entonces tenemos el problema de qué hacer con el nacionalismo, qué hacer con las lealtades locales y así volvemos a una realidad ideológica. Hay una especie de socialismo cosmopolita que debería ser puesto a prueba para ver cuáles serían sus contradicciones.  Tenemos lo que es el socialismo del siglo XXI, necesitamos incluir mucha gente de los movimientos sociales y muchas personas de las principales instituciones que puedan aportar conceptos alternativos de cómo el mundo podría funcionar. Es lo mejor que puedo imaginar en este momento.

* La presente entrevista fue publicada en Realidad económica. Número 263. Revista de economía editada por el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), Buenos Aires, 2011. ISBN: 0325-1926

Referencias 
                          
Altvater, E., & Mahnkopf, B. (2008). La globalización de la inseguridad. Buenos Aires: Paidós.
Hardt, M., & Negri, A. (2009). Commonwealth. Cambridge: Harvard University Press.
Harvey, D. (2004). La condición de la posmodernidad. Buenos Aires: Amorrortu.
Harvey, D. (2006). Limits to Capital. New York: Verso.
Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akkal.
Harvey, D. (2010). The enigma of capital and the crises of capitalism. New York: Oxford University Press.
Klein, N. (2007). La doctrina del shock. Buenos Aires: Paidós.

[1] Licenciado en Sociología. Profesor de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A) e Investigador del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales.
[2] Dentro del mismo marco del V Encuentro Internacional de Economía Política y Derechos Humanos, el día anterior (15 de septiembre de 2011), David Harvey había participado en el panel sobre “La nueva etapa de la crisis mundial y América Latina” junto a Pedro Páez (Ecuador) – Jorge Taiana (Argentina).

viernes, 27 de julio de 2012

La cultura del Azar



“El lugar que ocupa una época en el proceso de la historia se puede determinar de modo más concluyente a partir del análisis de sus discretas expresiones superficiales que a partir de los juicios que la época hace sobre sí misma. (…) Aquellas expresiones, a causa de su naturaleza inconsciente, garantizan un acceso inmediato al contenido fundamental de que existe o es. (…) El contenido fundamental de una época y sus impulsos inadvertidos se iluminan recíprocamente”

SIGFRIED KRACAUER,  El ornamento de la masa, Berlín: 1927.


“Afirmo que la pasión del juego es la más noble de todas las pasiones, ya que incluye a todas las demás. Una serie de coups afortunados me hace disfrutar más de lo que un hombre, que no juega, disfrutaría en años… ¿Creéis que en el oro que me cae en suerte no veo sino la ganancia? Os equivocáis. Veo en él las delicias que procura y las apuro. Y me llegan demasiado rápidas para que puedan hastiarme, y en tal variedad que no pueden aburrirme. Vivo cien vidas en una sola. Si viajo, lo hago a la manera en que viaja la chispa eléctrica… Si soy avaro y reservo mis billetes “para jugar”, es porque conozco el valor del tiempo demasiado bien para emplearlo como los otros. Un determinado placer que me concediese me costaría otros mil placeres… Los placeres los tengo en mi espíritu y no quiero otros”.

EDOUARD GOURDON, Les Faucheurs de nuits, Paris: 1860.

Para una sociología de los juegos de azar, comparto mi artículo publicado en la Revista Ariadna Tucma, sobre el consumo en el Casino de Buenos Aires.

sábado, 23 de enero de 2010

Frente a la crisis política actual: Investigar la deuda. Enfrentar a la derecha. Claudio Katz – Jorge Marchini – Eduardo Lucita

Otro conflicto de imprevisibles consecuencias ha estallado entre el gobierno y la oposición de derecha.
La iniciativa gubernamental de constituir un fondo especial con una porción de las reservas para garantizar el pago de la deuda externa desató este conflicto. La derecha rechaza este fondo y exige hacer frente a los pagos con las partidas del presupuesto sin tocar las reservas. La diferencia entre ambos bandos son los mecanismos para cumplir con las exigencias de los acreedores.
Pero bajo esta discusión subyace una coincidencia plena: pagar una deuda fraudulenta que ya ha sido pagada varias veces. Este acuerdo ya se manifestó cuando hace pocos meses los legisladores del gobierno y la oposición votaron por unanimidad la derogación de la “ley cerrojo”, que bloqueaba la reapertura del canje con los bonistas que quedaron afuera de ese arreglo. Ninguno de ellos se indignó en ese momento con la “violación de la seguridad jurídica” implícita en la anulación de una disposición que se presentó varias veces como inmodificable.
Unos y otros aceptaron concretar este nuevo ofrecimiento de canje sin reparar que aumenta la deuda (en 7000 millones de dólares) y que incrementará el pago de interés (en 500 millones). La operación incluye, además, elevados pagos de comisión a los bancos intermediarios (Citi, Barclays, Deustche), que además han hecho un gran negocio con la suba del precio de los bonos.
La derecha y el gobierno se enfrentan ahora por la modalidad de pago de una deuda que absorbe el dinero requerido para incrementar los salarios, mejorar las jubilaciones, poner fin al deterioro de los hospitales públicos, asegurar el inicio de clases satisfaciendo las demandas de los docentes u otorgar los fondos que exigen los desocupados que cortan las rutas.
Durante casi tres décadas los legisladores de ambas bancadas han cajoneado todas las investigaciones de este desfalco. Incluso miraron para otro lado cuando la investigación de Olmos y el fallo del juez Ballesteros declaró la inconstitucionalidad de la deuda. A través de las sucesivas renegociaciones y canjes de títulos buscaron borrar las huellas para sepultar el origen de ese negociado. De estas operaciones participaron todos los ex funcionarios del Banco Central, que actualmente protagonizan el debate y estimulan el conflicto, sea a favor de la oposición o del gobierno (González Fraga, Prat Gay, Blejer, Redrado) y que anteriormente sirvieron fielmente a los gobiernos de Menem, la Alianza, Duhalde y los Kirchner. Todos instrumentaron variantes de la misma política de pago de la fraudulenta deuda.
Hay en todo este conflicto una gran hipocresía.
Hipocresía derechista: ajuste con argumentos republicanos
El titular del Banco Central, Martín Redrado, atizó el conflicto al negarse a concretar el Fondo del Bicentenario por 6.569 millones de dólares. Su argumento principal: “cuidar las reservas que son de los argentinos y no del gobierno”, y ha logrado concitar el apoyo incondicional de todo el arco opositor y de los políticos y funcionarios que dilapidaron varias veces esas reservas durante administraciones anteriores.
La derecha considera inadmisible utilizar esos recursos para el pago de la deuda, pero no objetaron el mismo uso para abonarle por adelantado al FMI en el 2005. En ese momento el gobierno canceló toda la deuda con ese organismo, con el mismo mecanismo de decretos de necesidad y urgencia (DNU) y por un monto muy superior, 9.900 millones de dólares ( un 50% más que ahora). Tampoco objetaron el DNU del 2008 que habilitaba el pago, nunca concretado hasta ahora, al Club de París. A muchos cínicos les cuesta explicar porqué hoy rechazan lo que ellos mismos aprobaran una y otra vez.
El segundo argumento es mucho más siniestro: “la autonomía del Banco Central”. Afirman que el gobierno ha violado la Carta Orgánica de “una entidad independiente”, que no está “sujeta al despotismo del Ejecutivo”. Lo que en realidad defienden es el manejo de esa entidad por los banqueros. Postulan que el Banco Central sea autónomo para que los financistas mantengan un control indisputado del mismo. Como sabemos la principal función de esa falaz independencia ha sido justamente asegurar que las reservas internacionales operen como garantía de pago a los acreedores externos. Con esa finalidad los neoliberales introdujeron desde los años ‘70 atribuciones que convierten al BCRA en una institución con poderes y facultades superiores a cualquier otro organismo del Estado.
Las tonterías que pusieron a circular en estos días para justificar esta suerte de virreinato vuelven a la primera plana, nuevamente se reclama que el Banco Central “debe cuidar la moneda” y “proteger el dinero del país” por medio de un grupo de “expertos ajenos a las presiones políticas”. Estos mitos simplemente ocultan que los encargados de cumplir una misión tan noble son el puñado de banqueros que maneja la deuda pública, los mismos que provocaron el colapso y las confiscaciones que sufrió Argentina.
La oposición de derecha simplemente promueve volver a los viejos ajustes de los años ‘90. Como hay un evidente deterioro de la solvencia fiscal ahora buscan recortar el gasto social. Por supuesto que no lo enuncian en estos términos, pero es la misma cantinela que han usado una y otra vez para imponer políticas de austeridad. Su verdadero propósito es volver al FMI y sortear así la crisis fiscal, sometiéndose a los controles y auditorias del organismo internacional.
Hipocresía progresista: desendeudarse para volver a la deuda
Las justificaciones del gobierno para pagar la deuda con reservas son simétricas a las de la oposición de derecha. Afirman que utilizando estos recursos “se liberan fondos excedentes para mantener el gasto productivo y social”. Pero si la intención es utilizar esas partidas presupuestarias que quedarían liberadas es porque ya han definido que la primera prioridad es el giro de fondos a los acreedores. Se da por sentado la legitimidad del pago y la sacralización de su prioridad frente a cualquier otro objetivo económico, luego se considera lógico destinar el sobrante al gasto interno.
Con este razonamiento, que naturaliza el reembolso de un desfalco como dato inamovible, los funcionarios repiten los mensajes de la ortodoxia neoliberal que tanto objetan desde la tribuna. Afirman que “pagar con reservas permite enviar mensajes de seriedad y solvencia a los acreedores” y retoman así los viejos códigos de los ‘90 con posturas que convocan a “hacer los deberes” y “seducir a los financistas del exterior”. Los economistas oficiales utilizan todos los argumentos corrientes del mercado para justificar el uso de las reservas. Hablan de lograr un “retorno al mercado privado de crédito”, olvidando todos los cuestionamientos a ese endeudamiento y explican cómo se “abaratan las tasas”, sin explicar cuál es el beneficio para el país de refinanciar el pago de un pasivo que ya ha sido reembolsado varias veces. Esta actitud demuestra cuánta hipocresía subyace en las disputas verbales con la oposición.
A los hombres del gobierno les toca ahora el rol de objetores de la independencia del Banco Central. No explican porqué sostuvieron durante tantos años esa autonomía, bloqueando incluso los tres proyectos de reforma del sistema financiero que recortaban ese atributo. Ahora remarcan que “el Banco Central debe ajustarse a la política económica”, pero sin aclarar que el centro de esa orientación es la recomposición de las relaciones con el capital financiero.
Por esta razón, la principal asociación de los banqueros del país (ADEBA) tomó partido rápidamente a favor del Ejecutivo en su conflicto con Redrado, y el principal candidato a remplazarlo es nada menos que Mario Blejer, otra gran figura de los ‘90 y la ortodoxia neoliberal, que acredita en su haber dos décadas de trabajo en la crema de las finanzas internacionales. Que esta política se desenvuelva creando un Fondo denominado “Bicentenario” ilustra hasta dónde ha llegado el doble discurso oficial. Un emblema de la independencia nacional es utilizado para recomponer las relaciones con los acreedores foráneos.
Toda la lógica de utilizar reservas para el pago de la deuda está inspirada en el inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento. La deuda pública situada en 128.000 millones de dólares luego del canje se incrementó a 145.700 millones en la actualidad. Los vencimientos de los servicios de la deuda (capital e intereses) de los próximos años son muy condicionantes por lo que el gobierno busca sortearlos con prórrogas y canjes. Por esta razón la política de desendeudamiento ya quedó en el pasado y ahora se discute cómo volver a tomar deuda.
A los banqueros les interesa prestar y cobrar. Por eso tratan de atenuar el conflicto actual, promoviendo algún arreglo “para que los mercados no se inquieten”, quieren el menor ruido posible para que los negocios funcionen.
Ofensiva política de la reacción conservadora
Aunque las clases dominantes quieren tranquilidad la crisis en curso puede descontrolarse e incentivar hasta la ingobernabilidad las disputas entre el Ejecutivo y el Legislativo, con el poder Judicial tironeado entre los dos poderes. El trasfondo de la disputa actual es básicamente política, no hay divergencias importantes en la gestión financiera y tampoco choques irreductibles en lo económico. Lo que convierte cualquier episodio menor en un gran descalabro es la gran tensión política que separa gobierno y oposición desde el conflicto del campo.
En esta disputa hay un claro objetivo de la derecha; avanzar sobre medidas de los últimos años que incluyen algún logro social o avance democrático. Busca una reversión reaccionaria especialmente en cuatro áreas: la ley de medios, la nacionalización de las AFJP, los juicios contra genocidas de la dictadura y la política de relaciones con los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia.
La reacción conservadora abomina de estos tibios cambios y busca sepultarlos. En esta campaña es activamente acompañada por los grandes medios de comunicación que pretenden perpetuar su impunidad para manipular la información y por toda la elite conservadora que ve la oportunidad para enterrar con represión el legado de protestas sociales que dejó la rebelión del 2001.
Esta acción sintoniza con la contraofensiva imperial que en la región se expresa en el golpe en Honduras y la instalación de nuevas bases en Colombia, la ofensiva contra Lugo en Paraguay y el avance neopinochetista en Chile, y las siempre renovadas presiones sobre Bolivia, Venezuela y Cuba.
Como en el resto del continente la derecha disfraza aquí sus objetivos con campañas institucionalistas y se presentan como custodios de la legalidad. Por el momento sólo busca el desgaste del gobierno para que llegue rengueando a los comicios, mientras disputan entre ellos quién asumirá el liderazgo del sector. Pero la crisis puede desmadrarse y aunque el reiterado tanteo de un juicio político a la Presidente es por ahora sólo conspirativo, tampoco es una pura fantasía. Si en algún momento desconocen abiertamente alguna medida del gobierno con llamados a cacerolazos la tentativa puede hacerse realidad.
Mientras tanto el gobierno sigue a los tumbos, respondiendo con la misma ceguera que exhibe desde el año pasado. A pesar de la reconstitución de la autoridad estatal, del sostenido crecimiento económico y las buenas previsiones macroeconómicas para el 2010, el kirchnerismo no ha podido mantener el consenso social que logró en el período 2003-2007. Se desgastó al confrontar con la derecha desde las arcaicas estructuras del Justicialismo y con el apoyo de la desprestigiada burocracia sindical cegetista.
No sólo rehuye cualquier sostén popular genuino y encubre a las patotas. Sostiene también a los barones del conurbano e impone una reforma política proscriptiva hacia la izquierda. Hostiliza además a los movimientos sociales (cooperativas sin punteros), se niega a conceder la libertad sindical (subtes-CTA) e incluso ha reprimido las luchas más consecuentes de los trabajadores (Kraft-Terrabussi).
No es posible a priori conocer cómo concluirá el conflicto pero muchos hablan ya de una resolución 126. Hacen referencia así a la ineludible comparación con la confrontación con el campo. Sin embargo es necesario marcar algunas diferencias entre aquella crisis y la actual.
En el plano económico, las retenciones expresaban la captura por el Estado de renta extraordinaria y tenían un carácter indiscutiblemente positivo y progresivo, más allá de su utilización y alcance. Ahora no se discute nada progresivo, sino la forma y el origen de los recursos para pagar la deuda.
En el plano político hay similitudes con la conformación de un bloque opositor con liderazgo de la derecha, pero en el plano social hay una gran incógnita: ¿Podrá la oposición de derecha incentivar nuevamente una movilización conservadora de la clase media? En los últimos meses no han podido reproducirlo y si no recuperan las calles seguramente perderán la pulseada.
Otro camino para superar la crisis
Para quiénes no ubicamos en el arco genuinamente progresista y de izquierda la experiencia de lo ocurrido durante del conflicto con el campo es decisiva para no volver a repetir en esta coyuntura los errores de un emblocamiento con la derecha. Esa política es francamente suicida. Si se repite sepultará a todas las corrientes que aspiran a lograr la superación del kirchnerismo por izquierda, como contrapartida dejará abierta una involución a derecha, por el desprestigio del gobierno actual.
Por el contrario se trata de sacar la discusión del círculo vicioso e interesado en que la han colocado. De señalar otro camino para superar progresivamente esta crisis, que ya varias corrientes políticas y personalidades han planteado, a nuestro entender en forma acertada: Organizar una campaña para colocar el debate de la deuda y el sistema financiero en el centro de la agenda.
Pero esta campaña perdería todo sentido si se acepta la distorsión que imponen los medios de comunicación o si se hace causa común con la derecha en las críticas al gobierno. No sólo importa lo que se dice, sino también cómo y dónde se lo enuncia. La mayoría popular ha quedado convertida en una audiencia que recepta mensajes televisivos y es nefasto que la izquierda aparezca formando parte de una indiscriminada oposición, se pierden los matices, que no son menores, y se hace el juego a la reacción conservadora.
La derecha debe ser objeto de nuestra crítica en cualquier intervención, para que no queden dudas sobre dónde está ubicada la izquierda. Por esta razón es otro error presentar denuncias penales contra el gobierno en pleno clima de judicialización derechista del conflicto, nadie percibe los pormenores diferenciados de esa denuncia en este clima. Mucho peor es repetir directamente los argumentos de los reaccionarios sobre la institucionalidad o la autonomía del Banco Central. Hay que poner el centro en el cuestionamiento de la deuda, pero no hacer comparsa a los reaccionarios. Es totalmente absurdo discutir la cuestión de las reservas como un tema técnico-financiero con abstracción del clima que ha creado la oposición. La batalla contra la derecha no requiere necesariamente de apoyo o consideración hacia el gobierno.
Para la izquierda lo esencial es actuar en forma independiente con una política propia, que es vital para romper con la trampa de reyertas que protagonizan la oposición con el gobierno y que impiden madurar un planteo alternativo.
En este sentido:
Es un verdadero despropósito que mientras se habla de custodiar las reservas se mantengan intactos todos los mecanismos que periódicamente facilitan la fuga de capitales (40.000 millones de dólares desde el inicio de la crisis internacional): el Control de Cambios es la única medida efectiva que puede contener este drenaje de riqueza, solo producida por los trabajadores y de la que otros se apropian y fugan.
Carece de sentido discutir acerca de las atribuciones del Banco Central si no se lo hace en el marco de la discusión de una Reforma Financiera Integral, que apunte a forjar un sistema financiero asentado en la control estatal de los depósitos y plenamente nacionalizado.
Poner la Deuda a Debate requiere la suspensión inmediata de las negociaciones con los bonistas que no ingresaron al canje y con el Club de París.
Resulta indispensable poner en marcha inmediatamente la Auditoría Ciudadana de la Deuda. Es una salida política a la crisis actual, es la forma de retomar la investigación ya realizada de los fraudes y someter todas las operaciones posteriores a una rigurosa verificación de su legalidad y legitimidad. En los casos que correspondan estas medidas deben ser acompañadas por la suspensión de pagos.
Desarmar los perversos mecanismos de la deuda externa es también parte esencial del combate contra la derecha. Para nosotros la disyuntiva vuelve a ser: los acreedores o los trabajadores y el pueblo. Y en esto no puede haber dudas.
Claudio Katz – Jorge Marchini – Eduardo Lucita son Integrantes del colectivo EDI-Economistas de Izquierda.