jueves, 22 de diciembre de 2016

La "invención" de la Navidad


Tanto por extensión geográfica como por volúmenes de ventas, la mitología comercial por excelencia es la que organiza la celebración moderna de la Navidad. Ninguna otra festividad ha alcanzado una transformación tan completa desde sus orígenes históricos, que se remontan a las Saturnales romanas, hasta la adquisición de su fisonomía definitiva con la primera expansión del capitalismo industrial. Sin duda se trata de un itinerario sinuoso, compuesto por innumerables influencias y sucesivas hibridaciones. No sólo porque la mayoría de los signos navideños aparecen como resultado de diversas tradiciones populares sino también, porque siendo una de las celebraciones comunes entre las diferentes variantes cristianas no va ser reconocida como parte del culto oficial y declarada feriado nacional en los países occidentales, hasta bien entrado el siglo XIX. De lo anterior se desprende que la invención de la mitología navideña coincide con la emergencia de una nueva sensibilidad de la clase media urbana, representada en la literatura anglosajona en la figura típica de Ebenezer Scrooge, el protagonista de un Cuento de Navidad ([1843] 2000). La idea principal de la novela de Charles Dickens es la necesidad de caridad  (Storey, 1998: 26). En un mundo donde la fractura social se vuelve cada vez más acentuada, las nuevas clases afluentes van a desarrollar una particular versión de la generosidad al desviar una parte de su riqueza para la construcción de un nuevo orden moral. Esta misma preocupación por la pobreza y las condiciones de vida de las masas trabajadoras produjo una liturgia asociada a la acumulación de capital donde la religiosidad deviene comercio y el intercambio de regalos, una forma de contención social.   Sin embargo, resulta discutible sostener que la invención de la Navidad tan sólo sea una forma de nostalgia utópica de la nueva clase media urbana de las relaciones feudales de poder (Storey, 1998: 30). Mucho más cuando gran parte de la mitología navideña no sólo se funda en la restauración de la armonía, de la paz social y del amor fraterno entre las familias propietarias sino también en la delimitación de un espacio donde la escasez queda suprimida temporalmente en el reino de la abundancia. En este sentido se puede ver que la transformación simbólica de las medias comunes y los calcetines viejos en una cornucopia de novedades (Schmidt, 1995: 134) denota el elemento utópico que se encuentra contenido en la Noche Buena. Como por arte de magia, la pobreza deviene riqueza y la escasez, abundancia. Esta inversión mágica todavía subsiste de manera residual entre las clases populares donde las fiestas de fin de año parecen reflejar el triunfo definitivo ante la escasez y su correlato directo, la satisfacción completa de necesidades. Lugar de placeres y excesos varios, gasto superfluo y negación de la utilitario. La fiesta encarna esa segunda vida del pueblo que temporalmente penetra en el reino utópico de la universalidad, de la libertad, de la igualdad y de la abundancia (Bajtin, 1994: 15). Como un residuo que permanece activo dentro de la hegemonía burguesa, las clases populares viven su experiencia navideña como una verdadera utopia del consumo.La batalla cultural que se produjo durante el siglo XIX entre estos dos modalidades celebratorias revela la función que tuvo la mitología para la invención de la Navidad como una verdadera experiencia consumo. El primer paso consistió en reemplazar la fiesta callejera por el intercambio de regalos al interior de la familia nuclear (Carrier, 2005: 168). Lo que implicaba reducir los excesos típicos de una celebración agonística como la del Año Nuevo y orientarla hacia un escenario mucho más acotado centrado en el consumo doméstico. El segundo fue la aparición del árbol navideño, cuyo origen se remonta hacia finales del siglo XVIII a la creciente inmigración alemana en los Estados Unidos, que sirvió para poner freno a los vínculos extensos del intercambio generalizado al establecer un centro simbólico en el cual cada hogar aparece adecuado para la devoción familiar. Por último, la incorporación definitiva de la figura mitológica de San Nicolás, Santa Claus o Papá Noel ubicó en el centro de la celebración doméstica a la infancia. En este sentido, los niños no sólo vienen a ocupar el nuevo sujeto de devoción para las familias de clase media sino también en cuanto receptores del proceso de mercantilización debido a la confección industrial de los regalos. Con la fusión de estas tres estructuras significativas al interior de la mitología se produce la invención moderna de la Navidad. La consolidación de la figura mitológica de Santa Claus en los Estados Unidos coincide con el protagonismo excluyente que asume dentro de la cultura de consumo durante la segunda mitad del siglo XIX. Tanto en la decoración de los grandes almacenes, en las tarjetas de celebración como en la gráfica publicitaria se observa un claro proceso de estandarización del ícono navideño hasta alcanzar definitivamente su fisonomía actual. Como resultado lógico, Papá Noel va perdiendo las marcas tradicionales de origen élfico, sus rasgos crueles y la inclinación por las bebidas espirituosas hasta convertirse en un personaje familiar: un poco bonachón, bastante generoso y amigo de los más pequeños. La imagen dominante que transciende en la cultura comercial es la de un hombre robusto con cabellos blancos y barba canosa, vestido con un traje rojo y cuya residencia en el Polo Norte justifica la presencia heteróclita de renos, trineo y chimeneas. Esta articulación entre diferentes materiales mitológicos no es casual ni inocente sino que descansa en un significante que permite unificar un campo particular y heterogéneo hasta constituir su identidad específica. Esa “palabra a la que las ‘cosas’ se refieren para reconocer su unidad” (Žižek, 2003: 136) es Coca-Cola. La marca estelar del capitalismo estadounidense ha logrado condensar como ninguna otra, el espíritu navideño. No sólo porque ha teñido con sus colores cada una de las celebraciones tradicionales sino también, en la medida en que ha organizado el intercambio de regalos al interior del grupo familiar. Si bien no puede decirse que “Coca-Cola inventó a Santa Claus, pero sí que pudo fijar su imagen” (Storey, 1998: 22) definitiva dentro del complejo repertorio de la cultura popular. La construcción del vínculo emotivo entre Coca-Cola y la Navidad comienza con las campañas publicitarias de Haddon Sundblom durante la década de 1930. En ellas, se destaca la estrategia de la compañía de Atlanta para evitar la caída de ventas durante la temporada invernal dado que, hasta ese momento, los niños asociaban el consumo de bebidas refrescantes con los meses de verano. En este sentido, el uso de la figura mitológica de Santa Claus podía cumplir una doble función “reforzada por el uso intensivo del color en las imágenes impresas de los medios populares” (Mc Kay, 1998: 61). A corto plazo, promocionar el consumo de Coca-Cola durante las fiestas de fin de año. De la misma manera que la industria del juguete, las tarjetas navideñas o las mercancías bric-à-brac, la identificación cromática podía garantizar un crecimiento estacional en el volumen de ventas. Mientras que a largo plazo, la asociación de la estética mercantil con la mitología navideña servía para trasladar la devoción doméstica hacia el valor corporativo de la marca comercial. De modo que Coca-Cola irá construyendo su identidad empresarial sobre la base de establecer una relación de equivalencia entre las cualidades simbólicas del producto y el valor emotivo de los regalos de Navidad. Ese conjunto de asociaciones que llevaron al Santa Claus de Sundblom a convertirse en un ícono de la memoria popular internacional (Ortíz, 1997: 174) constituye el activo mnemotécnico por excelencia que ha convertido a Coca-Cola en una de las marcas más valiosas del planeta. En suma, la creación de una iconografía comercial funciona como un enorme catalizador de la demanda de consumo. Pero lo que aún resta determinar es el modelo de difusión que asumen las mitologías comerciales una vez que circulan en el contexto del capitalismo industrial. El primer tipo señalado es la difusión por contagio (Douglas & Isherwood, 1990: 117) donde cada familia actúa como un agente transmisor entre sus conocidos más cercanos. A tal punto que, salvo por algunas discontinuidades geográficas y/o sociales, el virus va expandiéndose progresivamente por todo el tejido social como una especie de mancha de aceite derramada de su recipiente. En este sentido, el modelo epidemiológico describe un movimiento similar al que presenta la circulación de los rumores dentro del contexto de la comunicación informal. Con la diferencia que en este caso, la difusión no se basa en un tipo de comunicación de boca en boca sino que interviene un dispositivo discursivo, como es la publicidad. De modo que el patrón de difusión de las mitologías comerciales resulta mucho menos una cadena serial que una red de interacción múltiple (Buckner, 1965), donde la información no se recibe de una sola fuente sino que se disemina en múltiples direcciones debido al proceso de retroalimentación continua. Si bien parece un terreno propicio para la superposición de detalles y la agregación de contenidos, tanto las ligeras variaciones locales como la escasa deformación en el festejo, demuestran la importancia que han tenido los medios masivos de comunicación y las artes decorativas para la normalización de la Navidad bajo las pautas de la cultura de consumo occidental. De hecho, existe un importante registro histórico sobre los conflictos asociados a la difusión de la figura de Papá Noel durante el capitalismo de posguerra. En Francia por ejemplo, produjo una reacción en el seno de los sectores conservadores, quienes vieron en la popularización del ícono navideño, una amenaza para los principios espirituales de la moral tradicional. Desde esa perspectiva, el crecimiento del nuevo culto, definido como pagano, foráneo y materialista, terminaría por sofocar el auténtico espíritu de la Natividad en la medida en que la conmemoración del nacimiento Jesucristo terminaría siendo eclipsada por la propagación de un “mito sin valor religioso alguno” (Lévi-Strauss, 2008: 26). Pero además del conflicto cultural, lo que se destaca del análisis del antropólogo es que permite visualizar el proceso de diseminación de una mitología comercial en particular. Allí la difusión de la simbología navideña depende de la función especifica que viene a realizar. Lo que en términos antropológicos se define como un caso de difusión por estimulación (Kroeber, 1940) ya que no se se trata de un proceso ordinario de imitación cultural sino que consiste en una adaptación de los contenidos importados de acuerdo a las necesidades concretas del universo de recepción. Casos como la modificación del calendario festivo por criterios comerciales o incluso políticos revelan que el abanico de posibilidades en la variación de las mitologías comerciales se despliega tanto en el nivel de los contenidos como en el de los resultados. La consolidación de la figura mitológica de Santa Claus en los Estados Unidos coincide con el protagonismo excluyente que asume dentro de la cultura de consumo durante la segunda mitad del siglo XIX. Tanto en la decoración de los grandes almacenes, en las tarjetas de celebración como en la gráfica publicitaria se observa un claro proceso de estandarización del ícono navideño hasta alcanzar definitivamente su fisonomía actual. Como resultado lógico, Papá Noel va perdiendo las marcas tradicionales de origen élfico, sus rasgos crueles y la inclinación por las bebidas espirituosas hasta convertirse en un personaje familiar: un poco bonachón, bastante generoso y amigo de los más pequeños. La imagen dominante que transciende en la cultura comercial es la de un hombre robusto con cabellos blancos y barba canosa, vestido con un traje rojo y cuya residencia en el Polo Norte justifica la presencia heteróclita de renos, trineo y chimeneas. Esta articulación entre diferentes materiales mitológicos no es casual ni inocente sino que descansa en un significante que permite unificar un campo particular y heterogéneo hasta constituir su identidad específica. Esa “palabra a la que las ‘cosas’ se refieren para reconocer su unidad” (Žižek, 2003: 136) es Coca-Cola. La marca estelar del capitalismo estadounidense ha logrado condensar como ninguna otra, el espíritu navideño. No sólo porque ha teñido con sus colores cada una de las celebraciones tradicionales sino también, en la medida en que ha organizado el intercambio de regalos al interior del grupo familiar. Si bien no puede decirse que “Coca-Cola inventó a Santa Claus, pero sí que pudo fijar su imagen” (Storey, 1998: 22) definitiva dentro del complejo repertorio de la cultura popular. La construcción del vínculo emotivo entre Coca-Cola y la Navidad comienza con las campañas publicitarias de Haddon Sundblom durante la década de 1930. En ellas, se destaca la estrategia de la compañía de Atlanta para evitar la caída de ventas durante la temporada invernal dado que, hasta ese momento, los niños asociaban el consumo de bebidas refrescantes con los meses de verano. En este sentido, el uso de la figura mitológica de Santa Claus podía cumplir una doble función “reforzada por el uso intensivo del color en las imágenes impresas de los medios populares” (Mc Kay, 1998: 61). A corto plazo, promocionar el consumo de Coca-Cola durante las fiestas de fin de año. De la misma manera que la industria del juguete, las tarjetas navideñas o las mercancías bric-à-brac, la identificación cromática podía garantizar un crecimiento estacional en el volumen de ventas. Mientras que a largo plazo, la asociación de la estética mercantil con la mitología navideña servía para trasladar la devoción doméstica hacia el valor corporativo de la marca comercial. De modo que Coca-Cola irá construyendo su identidad empresarial sobre la base de establecer una relación de equivalencia entre las cualidades simbólicas del producto y el valor emotivo de los regalos de Navidad. Ese conjunto de asociaciones que llevaron al Santa Claus de Sundblom a convertirse en un ícono de la memoria popular internacional (Ortíz, 1997: 174) constituye el activo mnemotécnico por excelencia que ha convertido a Coca-Cola en una de las marcas más valiosas del planeta. En suma, la creación de una iconografía comercial funciona como un enorme catalizador de la demanda de consumo. Pero lo que aún resta determinar es el modelo de difusión que asumen las mitologías comerciales una vez que circulan en el contexto del capitalismo industrial. El primer tipo señalado es la difusión por contagio (Douglas & Isherwood, 1990: 117) donde cada familia actúa como un agente transmisor entre sus conocidos más cercanos. A tal punto que, salvo por algunas discontinuidades geográficas y/o sociales, el virus va expandiéndose progresivamente por todo el tejido social como una especie de mancha de aceite derramada de su recipiente. En este sentido, el modelo epidemiológico describe un movimiento similar al que presenta la circulación de los rumores dentro del contexto de la comunicación informal. Con la diferencia que en este caso, la difusión no se basa en un tipo de comunicación de boca en boca sino que interviene un dispositivo discursivo, como es la publicidad. De modo que el patrón de difusión de las mitologías comerciales resulta mucho menos una cadena serial que una red de interacción múltiple (Buckner, 1965), donde la información no se recibe de una sola fuente sino que se disemina en múltiples direcciones debido al proceso de retroalimentación continua. Si bien parece un terreno propicio para la superposición de detalles y la agregación de contenidos, tanto las ligeras variaciones locales como la escasa deformación en el festejo, demuestran la importancia que han tenido los medios masivos de comunicación y las artes decorativas para la normalización de la Navidad bajo las pautas de la cultura de consumo occidental. De hecho, existe un importante registro histórico sobre los conflictos asociados a la difusión de la figura de Papá Noel durante el capitalismo de posguerra. En Francia por ejemplo, produjo una reacción en el seno de los sectores conservadores, quienes vieron en la popularización del ícono navideño, una amenaza para los principios espirituales de la moral tradicional. Desde esa perspectiva, el crecimiento del nuevo culto, definido como pagano, foráneo y materialista, terminaría por sofocar el auténtico espíritu de la Natividad en la medida en que la conmemoración del nacimiento Jesucristo terminaría siendo eclipsada por la propagación de un “mito sin valor religioso alguno” (Lévi-Strauss, 2008: 26). Pero además del conflicto cultural, lo que se destaca del análisis del antropólogo es que permite visualizar el proceso de diseminación de una mitología comercial en particular. Allí la difusión de la simbología navideña depende de la función especifica que viene a realizar. Lo que en términos antropológicos se define como un caso de difusión por estimulación (Kroeber, 1940) ya que no se se trata de un proceso ordinario de imitación cultural sino que consiste en una adaptación de los contenidos importados de acuerdo a las necesidades concretas del universo de recepción. Casos como la modificación del calendario festivo por criterios comerciales o incluso políticos revelan que el abanico de posibilidades en la variación de las mitologías comerciales se despliega tanto en el nivel de los contenidos como en el de los resultados. 
Referencias
Buckner, T. (1965). Theory of rumor transmission. The public opinion quaterly, 29 (1), 54-70.Bajtin, M. (1994). La cultura popular en la edad media y en el renacimiento. Buenos Aires: Alianza Editorial. Carrier, J. Gift & commodities. Exchange & Western Capitalism since 1700. New York: Routledge.Dickens, C. (2000) Cuentos de Navidad. Buenos Aires: Editorial Arte GráficoDouglas, M., & Isherwood, B. (1990). El mundo de los bienes. México: Grijalbo.Kroeber, A. (1940). Stimulus diffusion. American Anthropologist, 42 (1). Lévi-Strauss, C. (2008). Papá noel en la pira. Maguaré (22), 21-42. Mc Kay, G. (1998). Consumption, ‘coca-colonisation’, cultural resistance—and santa claus. In S. Whiteley (Ed.), Christmas, ideology and popular culture (pp. 50-70). Edinburgh: Edinburgh University Press. Ortiz, R. (1997). Mundialización y cultura. Buenos Aires: Alianza Editorial.Schmidt, E.L. (1995). Consumer rites. The buying & selling of american holidays. New Jersey: Princeton University Press.Storey, J. (1998). The invention of the english christmas. In S. Whiteley (Ed.), Christmas, ideology and popular culture. Edinburgh: Edinburgh University Press.Žižek, S. (2003). El sublime objeto de la ideología. Buenos Aires: Siglo XXI.





























domingo, 18 de octubre de 2015

Mitologías Comerciales I - La creación del Día de la Madre

Tal vez la consagración oficial del Día de la Madre resulte el caso paradigmático de mercantilización ritual. No sólo porque se trata de una celebración comunitaria que se proyecta a nivel nacional sino también porque demuestra cómo en el proceso de difusión del nuevo rito de consumo, el espíritu religioso, el oportunismo comercial e incluso la cooptación política aparecen curiosamente entrelazados. 
La historia comienza con el impulso militante de Anna Jarvis, una maestra protestante de la ciudad de Grafton en el estado de Virginia occidental que tras la muerte de su madre, el 9 de mayo de 1905, inicia una campaña de prensa dirigida a los principales referentes políticos y religiosos con el fin de consagrar un día especial dedicado al amor, la devoción y al sacrificio maternal. A pesar de este carácter aparentemente inofensivo, el argumento contenía una incipiente denuncia de género sobre el carácter patriarcal del calendario. Todo lo que se recordaba o rememoraba en los Estados Unidos remitía, de alguna u otra manera, a algún tipo de acontecimiento protagonizado por hombres. Esta ausencia de representación femenina en las celebraciones civiles y/o religiosas tal vez resultaba una demanda inocente pero dejaba un espacio abierto por donde podían filtrarse otras consignas mucho más radicales como la igualdad de género o el sufragio de la mujer. La moderación política del gobierno de Wilson y un contexto internacional en franca descomposición promovieron el reconocimiento oficial del día de la Madre para el segundo domingo de mayo de 1914. Su incorporación definitiva al calendario nacional se explica menos, por un rebrote inesperado del sentimiento de piedad, que como válvula de escape ante el avance del sufragismo.
Pero sin lugar a dudas, el elemento que más sorprende del proceso de institucionalización fue su crecimiento repentino y espectacular. En menos de una década, entre la iniciativa de Anna Jarvis y la Primera Guerra Mundial, la celebración del Día de la Madre el segundo domingo de mayo fue convirtiéndose en una parte constitutiva de la cultura popular. Millones de personas iban a participar del más sentimental de todos los eventos, aún cuando el tipo de práctica que fomentaba, difería considerablemente de la idea originaria diseñada por la maestra de Virginia occidental, mucho más orientada a santificar los valores familiares que a compensar los vaivenes del ciclo comercial. 
Si bien en su primera etapa, el movimiento no tuvo demasiada influencia más allá del limitado circuito parroquial, el verdadero salto cualitativo se produjo una vez que los claveles blancos se convirtieron en el símbolo distintivo de la conmemoración. La utilización pionera de Jarvis de las flores preferidas de su madre (Schmidt, 1995, p. 260) despertó el interés pecuniario de la industria de la floricultura, quienes vieron una excelente oportunidad no sólo para mejorar sus niveles ventas sino también para forjar un vínculo sólido entre la nueva festividad y el obsequio floral. Con el cambio de paradigma en los términos de la celebración, el Día de la Madre terminaría convirtiéndose en uno de los principales rituales de consumo. A partir de ese momento, la compra de regalos quedaría para siempre ligada al más profundo vínculo sentimental. 

Referencias


Schmidt, Erich Leigh. Consumer Rites. The Buying & Seelling of American Holidays.  New Jersey: Princeton University Press, 1995.

jueves, 2 de julio de 2015

Invitación a la presentación de mi último libro



Les dejo las notas de Economía y del recuperatorio de ICSE. Recuerden que el final de Economía es el Martes 14 a las 9 hs. y el de ICSE el Jueves 16 a las 9 hs. Las firmas de libretas se realizan en el día del final de la materia correspondiente.

Recuperatorio

Economía - 52115

Economía - 52117

Economía - ISBM

viernes, 5 de junio de 2015

Un día como hoy

Para Animarse A Leer A Keynes

$109,00

Un día como hoy - 5 de junio - 



       "Los personajes que más han contribuido al desarrollo científico de la Economía se encuentran entrelazados por una curiosa historia en común. Como si una larga sucesión de coincidencias marcara el camino en la tradición de la ruptura. Un 5 de junio de 1723 nacía Adam Smith en Kirkcaldy, una pequeña ciudad escocesa cercana a Edimburgo. Las luces de la Ilustración recién comenzaban a encenderse por toda Europa, para quien más tarde iba a convertirse en el precursor de la crítica al sistema mercantil y en el máximo representante de la Economía Política clásica. Ese mismo día, pero 160 años más tarde, llegaba al mundo John Maynard Keynes, el primero de los tres hijos de una respetable familia de Cambridge. En un ambiente intelectual en pleno proceso de transformación donde la atmósfera liberal de la ciudad y la confianza reformista en el progreso chocaban contra los rasgos típicos de tradicionalismo de la reconocida universidad, que para entonces -hacia 1883- constituía el principal reducto del pensamiento ortodoxo. En el mismo año y a unos pocos kilómetros de allí, sepultaban a Karl Marx en el Highgate Cemetery de Londres: moría el crítico más intransigente de la Economía burguesa.
     Las tres grandes revoluciones en la historia del pensamiento económico coinciden con los nombres de Smith, Marx y Keynes. Ningún otro economista ha modificado tan profundamente, la manera de comprender el funcionamiento del capitalismo. Al punto que la Economía como ciencia nació bajo el influjo liberal del siglo XVIII y se desarrolló con el impulso de la crítica marxista en el tercer cuarto decimonónico. La diferencia de la revolución keynesiana es que “no sólo fue limitada sino intensamente conservadora” (Galbraith, 1993: 257). En parte porque mantuvo a salvo la mayoría de los pilares de la doctrina clásica que cuestionaba. Pero fundamentalmente, debido a que su figura quedó asociada con la reconstrucción del capitalismo posterior a la crisis de 1929. La implementación del New Deal americano y el crecimiento financiado con déficit de la Alemania nazi sirvieron como antecedentes prácticos de la teoría. Al fin de cuentas, la intervención del Estado parecía resolver el desempleo crónico y asegurar un crecimiento económico sostenido. La dificultosa tarea de cicatrizar las heridas del capitalismo, convertirá al profesor de Cambridge en el máximo economista del siglo XX."

jueves, 21 de mayo de 2015

La "Tinellización" de la Política




Comparto mi participación en el programa Mil Voces conducido por Roberto Caballero por @CN23 donde debatimos junto a Adriana Amado, Ignacio Ramírez y Eduardo Rinesi sobre Política y Medios.  El debate comienza luego de una entrevista al dirigente Victor De Gennaro a partir del minuto 10:00 aproximadamente.

sábado, 26 de julio de 2014

El mundial como ritual y espectáculo

Para paliar la abstinencia post-mundial comparto la entrevista que me hicieron de la Revista Datos.

Acá

domingo, 22 de junio de 2014

Notas de Economía

Dejo las notas finales de ICSE y Economía divididas por comisión, en cada uno de los listados van a encontrar la nota del primer parcial, la del segundo y el promedio de ambas. Por último, la condición P significa que (Promociona), E (Examen Final), R (Recuperatorio) e I (Insuficiente). Cualquier duda saben cuando encontrarme en la sede para la firma de libretas, recuperatorios y examen final.

sábado, 4 de mayo de 2013

El neoliberalismo en cuestión



El neoliberalismo en cuestión. En diálogo con David Harvey por Matías Romani[1]



“¿Por qué deberíamos ser anticapitalistas? Por muchas razones: por nuestras creencias, por nuestros valores, por nuestros compromisos personales.” Así comenzaba la última intervención de David Harvey en la Argentina. Uno de los principales referentes mundiales del pensamiento crítico en las Ciencias Sociales. Como geógrafo y profesor distinguido de la City University of New York (CUNY) ha contribuido con una profunda renovación intelectual en la comprensión del capitalismo. Desde el análisis materialista de las transformaciones urbanas y las representaciones culturales en “La condición de postmodernidad” hasta las reflexiones videográficas sobre la crisis financiera global o los cursos de El capital difundidos por YouTube, destaca el mismo compromiso intelectual esquivo e intransigente frente a los lugares comunes.
   La siguiente entrevista se realizó durante el V Congreso de Economía Política y Derechos Humanos organizado por el CEMOP y la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo, un día antes del inicio del movimiento de ocupación de Wall Street (OWS). Gran parte de la obra de David Harvey ha sido traducida al castellano, aunque con una circulación minoritaria entre las editoriales nacionales, de ahí la importancia de este encuentro como un aporte adicional para difundir su obra.
     En su último libro: “The enigma of capital and the crises of capitalism” usted analiza el itinerario de la expansión inmobiliaria en los Estados Unidos y muestra cómo la crisis global puede ser vista como el final de un proyecto de clase identificado como neoliberalismo. ¿Qué diferencias encuentra con otras crisis capitalistas como la de 1930 o 1973?

Creo que hay diferencias superficiales y diferencias profundas. La crisis del ’30 ocurrió antes de que los Estados Unidos tomaran posición como líder hegemónico global del sistema capitalista y salieron de la crisis después de la Segunda Guerra mundial como el gobernador capitalista en la parte del mundo no controlada por la Unión Soviética. La crisis actual está marcando el agotamiento de un claro dominio estadounidense y hasta cierto punto es una consecuencia del fin de la Guerra Fría, lo cual representa una gran victoria. Pero también, la desaparición de la Unión Soviética creó una situación en la cual el resto del mundo ya no necesita de los Estados Unidos, cada uno puede ir por su lado sin ninguna amenaza. Este gran cambio en la situación geopolítica fue reconocido a mitad de los años ’90 donde mucha gente con gran influencia piensa que los EEUU ya no le dictan al mundo esencialmente, lo que debe o no debe suceder.
    La primera diferencia es que esta crisis está caracterizada por un mundo capitalista mucho más fragmentado, los diferentes países están yendo en distintas direcciones y Estados Unidos está haciendo lo mismo. América Latina está tratando de consolidarse de manera separada, para protegerse. Por lo tanto, da lugar a una nueva dimensión geopolítica. La segunda diferencia es que esta crisis es financiera, superficialmente financiera, pero involucra al Estado de una manera muy diferente que en el caso anterior. En la década del ’30 hubo un momento en que los Estados comenzaron a convertirse a una dinámica capitalista explícita, en cambio ahora los Estados son creciente o simplemente, un vehículo para la reproducción de la clase capitalista. Esto era imposible en la década del ’30 donde existía un fuerte movimiento populista y la relación de fuerzas era muy distinta debido a que existía un movimiento en ascenso de la clase trabajadora. Una situación diferente a lo sucede ahora donde la clase obrera se encuentra colapsada.    

Eso demuestra de alguna manera el “éxito” de la restauración del poder de clase. Su libro “Una breve historia del Neoliberalismo” (2005) fue publicado algunos años antes que “La doctrina del shock” (2007) de Naomi Klein. Mientras ella señala la importancia que tiene la percepción de una crisis real o imaginaria, como guerras, catástrofes naturales y dictaduras, para la implementación del proyecto neoliberal usted considera la importancia de la construcción del consentimiento. ¿Cuáles son los recursos ideológicos que permitieron la implementación del neoliberalismo en este sentido?


En la “hegemonía” como señala Gramsci hay una mezcla de coerción y consenso. Se puede enfatizar la coerción y es innegable que fue muy importante en la forma en que el neoliberalismo se ha implementado en gran parte del mundo a través de las políticas de los Estados Unidos. Sin embargo, esto nunca pudo haber sucedido sin el consenso de las elites locales. Lo que sucedió en Chile es un muy buen ejemplo de la importancia de la situación local en el golpe a Allende. Estados Unidos no pudo haber derrocado a Allende, todavía en Chile creen que ellos lo hicieron. Fue un error echarle la culpa de esto, aún cuando hubo un gran apoyo de los Estados Unidos. Así que cualquier cosa que veas en el avance neoliberal es porque los sectores dominantes locales ven una ventaja en el neoliberalismo y si hay fuerzas extranjeras involucradas disponen de un mayor poder para crear diferentes planes y modelos. De modo típico, la gente la echa la culpa al FMI y no le echan la culpa a sus propias elites. Creo que aquí en Argentina la tendencia es decir: “toda la culpa es del FMI”, pero nadie dice que las elites locales tienen su propio proyecto y que prefieren que parezca que el FMI es el responsable de todo.

De ahí se desprende la posibilidad de implementar el neoliberalismo en democracia. Usted sostiene que no es la primera vez que la clase trabajadora vota por un candidato o un partido contra sus propios intereses. ¿Cuál es el rol del consumo o del crédito al consumo en este proceso?

Una de mis citas favoritas viene de los años ’30, cuando se implementaron todas estas reformas dentro del mercado inmobiliario para que fuera posible para la clase trabajadora convertirse en propietarios. Uno de los comentarios era: “los deudores no hacen huelga”. Cuando los propietarios tienen una deuda muy pesada no van al paro. En Inglaterra había unos bancos especiales llamados sociedades constructoras, los cuales otorgaban pequeños terrenos a los trabajadores para que se convirtieran en propietarios. En la década del ’20 un amigo mío tenía un poster que decía “Las sociedades constructores son la mejor defensa contra el bolchevismo”. Eso es lo que explica el interés de Bush y Clinton en la expansión del mercado inmobiliario.

La crisis en el capitalismo puede manifestarse de diferentes maneras como constreñimientos medioambientales, barreras de mercado, estrangulamiento en los beneficios o limitaciones espaciales. En “The enigma of capital” (2010) usted sostiene que la crisis global es la culminación de un modelo de crisis financiera que tiene su origen durante los años ’90 en el Sudeste asiático (1997), Rusia (1998) y Argentina (2001). ¿Cuáles son las principales características de este tipo de crisis?

Cada crisis generalmente afecta a grupos muy específicos de países. Una cosa que me interesa es cuántas de estas crisis estuvieron conectadas con la especulación en el mercado inmobiliario. Si uno observa la crisis que detuvo la expansión japonesa hubo un mercado parcialmente detenido y una crisis en el precio de los terrenos. Si se analiza la crisis escandinava en el año 1992 hubo toda clase de especulación con las propiedades. En los Estados Unidos durante finales de la década del ’80 hubo un problema con los ahorros y los precios de los terrenos que tuvieron que ser rescatados.
      Muchas veces estas crisis están conectadas con el capital excedente con el cual no se sabe que hacer y se dice: “Invertí en propiedades”. Además, los mercados inmobiliarios tienen esta característica peculiar de que cuanta más gente invierte, más suben los precios. Entonces se generan burbujas, pero no solamente por eso sino también por la especulación con los commodities a futuro, en la bolsa de valores y apostando como compañías como Enron. Siempre me resulta muy interesante observar estas crisis a partir de la década del ‘70 y hacer preguntas como cuántas de ellas estaban basadas en el mercado inmobiliario y cuántas de ellas estaban basadas en algo más.
  
La especificidad del capital financiero es que puede valorizarse sin la necesidad de pasar por el proceso productivo. En vez de una acumulación por producción de plusvalía, se trata de un tipo de acumulación por expropiación o desposesión. Es muy significativo el uso que hacen del término Elmar Altvater y Birgit Mahnkopf (2008) con la idea de “La globalización de la inseguridad”. ¿Puede el capital basarse sólo en la desposesión y en actividades ilegales como la venta de drogas, el tráfico de armas o es necesario un ambiente de acumulación mucho más estable?

No toda la acumulación por desposesión es ilegal. Si una compañía cae en bancarrota legalmente puede argumentar “Ya no tengo que pagar tu pensión, ya no tengo que pagar tu obra social” entonces los trabajadores que estuvieron trabajando por 40 años en una compañía de repente se hallan desposeídos de lo que deberían recibir porque la compañía así lo dijo y esto es legal. Existe esa expresión que dice: “Tomaremos tu tierra para propósitos públicos” inicialmente era considerada como un beneficio para toda la comunidad. Ahora lo que hace el Estado es tomar la tierra y decir que: “Es para propósito público, que exista un desarrollo privado en esas tierras”. Así que ahora es legal. Pueden tomar tu casa y tu tierra y compensarte.
     También hay una gran cantidad de acumulación por desposesión causada por actividades ilegales pero primariamente estoy interesado en sus formas legales. Entonces la gran pregunta es: cuánta de la acumulación en la década de los 70, 80 y 90 durante el neoliberalismo fue por desposesión y cuanta acumulación se produjo a través de la explotación del trabajo en el proceso productivo. Tengo la impresión que bajo el neoliberalismo ha habido mucha más acumulación por desposesión que antes y eso se puede vincular a procesos como la desindustrialización. Cuando cae el empleo en Estados Unidos muchos trabajadores formales no sólo pierden sus empleos, sino que también pierden sus derechos de pensión y su obra social. Se trata de una especie de robo legal masivo.


Quizás esto explique la imposibilidad de recuperar los niveles de crecimiento del período de posguerra (1945-1973). Una de las ideas más interesantes de su trabajo es que el capitalismo goza de buena salud cuando alcanza un crecimiento anual del 3 % a nivel mundial. Ahora bien, una de las características del fin de siglo XX es la aparición de un polo industrial en Asia con tasas de crecimiento espectaculares. ¿Cuáles son las implicancias de la emergencia de China como potencia mundial y qué modificaciones produce esta situación en la hegemonía americana?

Esto significa que el mundo está ahora dividido en bloques regionales de poder. Creo que ya no quedan dudas que Estados Unidos es militarmente dominante y tiene la capacidad militar para destruir casi cualquier otra fuerza armada del planeta, lo que no significa que tenga la capacidad para usar el poder militar para mantener el control. Es lo que se ve en Afganistán, es lo que se vio en Irak. Después de todas las operaciones militares se llegó a obtener el control en estos días. Una demostración que un enorme poder militar no proporciona la misma hegemonía que mucha gente en los Estados Unidos creía, porque no estaba respaldada con Bush por una autoridad moral. No hay dudas de que los Estados Unidos tenían una cierta autoridad moral en el mundo que se destruyó bajo Bush. Una de las esperanzas era que Obama restauraría esa sensación de autoridad moral como figura líder capitalista, por lo tanto Obama era una buena idea.
     Los Estados Unidos ya no son dominantes ni industrialmente ni incluso como mercado de consumo. China es un gran mercado y al mismo tiempo un gran productor. Por lo tanto, creo que Estados Unidos aún tiene o tenía, hasta muy recientemente, un poder financiero considerable. Así que tienen un poder militar y financiero. Y ahora lo que causó esta crisis puso en duda si tienen un poder financiero real y consistente. Lo que es interesante es que una de las siete economías que competía con los Estados Unidos era Europa y el euro está un lio más grande. Por eso sería más adecuado decir la persistencia de un polo financiero anglo-americano.

La transformación de China en un gran productor y en un gran consumidor a nivel global ha sido muy favorable para la Argentina debido al aumento en los precios de los productos primarios. ¿Qué posibilidades de desarrollo existen en un país de renta diferencial?


Primero pensemos un poco en el aumento del precio de los commodities. Siempre es difícil decir cuánto de esto se debe a un aumento en los costos de producción, aumento en la demanda y cuánto se estima por la especulación. Hay mercados de commodities que hacen esto y que ven en el petróleo un gran movimiento especulativo. En segundo lugar está el costo de producción lo cual existe por supuesto, el precio de la tierra y de la renta que genera esta situación dialéctica. Ahora bien, supongamos que los precios están aumentando y los productores no obtienen el dinero porque los terratenientes se lo llevan. Pero puede ser al revés, el control de las tierras puede ser tal que se pongan enormes impuestos sobre la producción por lo cual, como resultado los precios deben aumentar dependiendo enteramente de la demanda. Así que por esto, los mercados existentes son muy difíciles de analizar dado el elemento especulativo y el elemento de la renta de la tierra los cuales están involucrados en estos mercados más que, más que la producción de hidrocarburos o de algo más. 

La hegemonía del capital financiero durante la década del ‘90 y la cuestión de la distribución de la renta diferencial a comienzos del siglo XXI precipitaron en la última década la emergencia de una especie de “nuevo populismo” en varios países de Sudamérica con Lula, Chávez, Kirchner, etc. ¿Cuál es su opinión sobre estos procesos y cuáles son las diferencias, límites y posibilidades de tales políticas?

Lo que me parece interesante en América Latina es ver que tan diferentes son las políticas en Brasil, Bolivia y Ecuador. Me parece un error generalizar como si hubiera algún tipo de modelo político latinoamericano anti neoliberal. Cada país lo hace de alguna manera dependiendo de las circunstancias locales. Por ejemplo, Bolivia es un productor de hidrocarburos y este uno de los grandes temas que comenzaron a levantar los movimientos rebeldes. No pasó lo mismo en Venezuela donde se tenía algo muy distinto que venía en una dirección muy diferente. Las similitudes que existen supongo, es el fortalecimiento de la tradición indigenista que típicamente no había estado presente en las políticas de Latinoamérica desde hace mucho tiempo. En Brasil es también muy distinto. Bachelet en Chile también lo es, debido a la historia tan específica de ese país. En Argentina el peronismo es el terreno donde todas las cosas se resuelven… - parecen nunca salir de alguna versión del peronismo y la única pregunta es cuál versión del peronismo se realizará. Pero de nuevo, el asunto acá fue muy distinto porque ustedes estaban atados a la paridad con el dólar. La gente rica se enriquecía aún más si tenía su dinero en Miami. En una crisis bancaria hay decisiones políticas para sopesar y la Argentina estaba en default y logró una reducción importante de su deuda.
     Pienso que en las trayectorias políticas como escuchamos ayer[2], el sentido común es que América Latina, de alguna manera, puede ser o hacer algo colectivamente más que ir exclusivamente por su cuenta. No estoy seguro cuánto de esto va en realidad a suceder en tanto existen marcadas rivalidades. No veo a la Argentina siendo muy amigable con Brasil, aún cuando sólo se trata de fútbol. Creo que hay desarrollos aquí para tratar de facilitar el cambio. Desde mi perspectiva algunos de los movimientos sociales en Latinoamérica son sumamente interesantes. Traté de leer acerca de organizaciones como el MST en Brasil, un movimiento que es muy significativo políticamente y me resulta muy interesante. Lo que sucede con las rebeliones en Bolivia, en Cochabamba, en “El Alto” son también muy valiosas y capturaron mi imaginación y, por supuesto, lo que pasó aquí con las fábricas recuperadas, los piqueteros y las formas alternativas de recolección de residuos que ustedes llaman “cartoneros”. Así que insisto, algo diferente está sucediendo aquí.
      Una cosa que siempre tengo en mente es hablar en concreto sobre la crisis política, algo diferente que se produce por un tiempo, en un breve periodo antes que todo vuelva a ser reabsorbido por las prácticas dominantes. Lo que me impresiona de la Argentina es cuanto de lo que sucedió en el 2001-2002 está ahora siendo reabsorbido dentro de las prácticas dominantes. Supongo que esto se debió en parte a las habilidades de los Kirchner por lo menos formando una gran alianza con el movimiento piquetero para ponerlos de su lado, aún cuando se siguen proclamando independientes, y por supuesto el apoyo de “Las Madres”. También quisiera ocuparme un poco sobre Bolivia, donde el impulso revolucionario parece estar ahí antes de la llegada de Morales al poder, ahora está siendo reabsorbido dentro de las prácticas dominantes con el acuerdo con Brasil y Santa Cruz y también, en cierta medida con el capital internacional que necesita del suministro de gas para el comercio exterior. Es un gran problema, es un muy buen ejemplo de lo que le ocurrió a estos movimientos y  lo que ocurre hasta ahora.

En un libro clásico del siglo XX, el historiador Eric Hobsbawm señaló que la caída del muro de Berlín significó una crisis ideológica cuya principal víctima fue el socialismo, al menos bajo la forma en que se implementó en los países de la URSS. ¿Usted piensa que la crisis del 2007/2008 tendrá el mismo efecto para el capitalismo?

Creo que la caída del Muro de Berlín creó una crisis para el pensamiento del socialismo existente. Actualmente, se liberó al socialismo para una segunda oportunidad con algunas excepciones de los que podría ser y de lo que debería ser aproximadamente.  De alguna manera, yo sentí personalmente alivio por el fin del comunismo: “gracias a Dios” que no voy a tener que lidiar más con la cuestión de la Unión Soviética. Yo nunca fui miembro del Partido Comunista por lo menos puedo decir eso. Esa es quizás la diferencia.
     Lo que creo que es interesante en este momento es que la legitimidad del modelo liberal está en cuestión, seriamente cuestionada. Pero la práctica no va a desaparecer y de hecho lo que estamos viendo es una imposición cruel que no pretende más que decirnos: “tienes que hacer esto, tienes que hacer esto” y la única clase de pregunta que se puede hacer es si se puede tener una ventaja electoral dentro de un sistema democrático y ser autoritario de esa manera. Esa cuestión no se está resolviendo en este punto en particular. De hecho yo veo que nos estamos moviendo hacia un régimen de derecha más represivo y hay gente que puede mirar a los Estados Unidos y decir: “se podría producir un giro hacia un totalitarismo de derecha con mucha facilidad”.
     Creo que en el medio de este asunto, el socialismo se convierte en una cuestión urgente. Hay una buena cantidad de intelectuales persiguiendo estas ideas pero los movimientos sociales de los sectores bajos tienden a no querer tomar el poder. Se trata más bien de una perspectiva incoherente por parte de los movimientos sociales sobre la naturaleza del Estado y lo que deben hacer al respecto. He estado leyendo a Hardt y Negri y su más reciente trabajo sobre Commonwealth (2009), creo que es en la página 369 donde ellos quieren destruir el Estado y 8 páginas más tardes, dicen que los Estados deben proveer un ingreso básico para todos, atención primaria de salud y educación elemental.

La crisis de los movimientos antiglobalización se enmarca dentro del fracaso político de la fórmula “Cambiemos el mundo sin tomar el poder”, quizás esa ambigüedad política se encuentre en parte presente dentro del movimiento global de indignados ¿Qué perspectivas debe contener el socialismo en el siglo XXI?

     “El socialismo en el siglo XXI” es un título muy bueno, mejor debería escribir un libro sobre eso: “Ideas para un socialismo siglo XXI”. Pues bien, el marco que utilicé en The enigma (2010) comienza diciendo: ¿qué tipo de reformas institucionales tendríamos? Estamos seguros de incluir cuestiones sobre el poder estatal, tenemos que incluir cómo las estructuras jerárquicas podrían ser controladas de manera democrática. En este momento las estructuras de los bancos centrales no son controladas por nadie excepto por las personas que les gusta que todo permanezca así. Entonces tenemos la cuestión de las instituciones democráticas donde vemos las relaciones sociales o un tipo de relaciones sociales posibles. Obviamente estaríamos discutiendo sobre cómo crear relaciones sociales mucho más igualitarias lo que plantea problemas en una escala global acerca de la transferencia de recursos de una región rica a una región pobre. No hay manera de hacerlo sino reducimos el nivel de vida en las regiones ricas que tienen un elevado estándar de vida, que ellos mismos crearon y es obvio que se acostumbraron a ello como en Estados Unidos.  
     La gente se pregunta qué está sucediendo y están intentando encontrar un sentido. Entonces tenemos el problema de qué hacer con el nacionalismo, qué hacer con las lealtades locales y así volvemos a una realidad ideológica. Hay una especie de socialismo cosmopolita que debería ser puesto a prueba para ver cuáles serían sus contradicciones.  Tenemos lo que es el socialismo del siglo XXI, necesitamos incluir mucha gente de los movimientos sociales y muchas personas de las principales instituciones que puedan aportar conceptos alternativos de cómo el mundo podría funcionar. Es lo mejor que puedo imaginar en este momento.

* La presente entrevista fue publicada en Realidad económica. Número 263. Revista de economía editada por el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), Buenos Aires, 2011. ISBN: 0325-1926

Referencias 
                          
Altvater, E., & Mahnkopf, B. (2008). La globalización de la inseguridad. Buenos Aires: Paidós.
Hardt, M., & Negri, A. (2009). Commonwealth. Cambridge: Harvard University Press.
Harvey, D. (2004). La condición de la posmodernidad. Buenos Aires: Amorrortu.
Harvey, D. (2006). Limits to Capital. New York: Verso.
Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akkal.
Harvey, D. (2010). The enigma of capital and the crises of capitalism. New York: Oxford University Press.
Klein, N. (2007). La doctrina del shock. Buenos Aires: Paidós.

[1] Licenciado en Sociología. Profesor de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A) e Investigador del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales.
[2] Dentro del mismo marco del V Encuentro Internacional de Economía Política y Derechos Humanos, el día anterior (15 de septiembre de 2011), David Harvey había participado en el panel sobre “La nueva etapa de la crisis mundial y América Latina” junto a Pedro Páez (Ecuador) – Jorge Taiana (Argentina).